En una sesión maratónica de más de 16 horas, el Senado aprobó en general la ley de reforma laboral con 42 votos a favor y 30 en contra. La iniciativa fue impulsada por el oficialismo de La Libertad Avanza junto a bloques dialoguistas, mientras que el kirchnerismo y algunos aliados provinciales votaron en contra.
El proyecto ahora pasará a Diputados, donde el Gobierno buscará su sanción definitiva. Durante la votación en particular, el oficialismo logró mantener la mayoría a lo largo de los 26 títulos que componen la ley.
En las horas previas se incorporaron modificaciones clave: se eliminó el artículo sobre alivio en Ganancias para grandes empresas; se mantuvieron los aportes compulsivos a sindicatos y cámaras empresariales (aunque con topes); se sostuvo el 6% destinado a obras sociales; y se ajustó el Fondo de Asistencia Laboral (FAL), vinculado a las indemnizaciones.
Uno de los puntos más polémicos fue la incorporación, como anexo, del traspaso de la justicia laboral a la Ciudad de Buenos Aires, medida cuestionada por la oposición por no haber tenido tratamiento formal previo.
El debate estuvo marcado por fuertes cruces entre oficialismo y kirchnerismo. Desde el Gobierno defendieron la reforma como una modernización necesaria para reducir la litigiosidad y fomentar el empleo formal. La oposición, en cambio, sostuvo que no generará empleo y que implica una flexibilización que afecta derechos laborales.
Con la aprobación en el Senado, el Gobierno dio un paso clave en una reforma que, según el oficialismo, busca bajar la informalidad y dar previsibilidad al mercado laboral, mientras que sus detractores advierten que podría aumentar la conflictividad judicial.






