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El cierre de Fate impactó de lleno en el Gobierno y lo obligó a intervenir para frenar despidos masivos justo en medio del debate por la reforma laboral. Para evitar que la conflictividad social afectara la votación, la Casa Rosada dictó la conciliación obligatoria y aceleró el tratamiento legislativo. Finalmente, la reforma fue aprobada en Diputados y el Senado se dispone a convertirla en ley tras un trámite exprés impulsado por el oficialismo.

El Gobierno logró los votos mediante acuerdos estratégicos con gobernadores y sectores sindicales, ofreciendo fondos y beneficios a cambio de apoyo parlamentario. Esto generó fuertes tensiones internas en el peronismo, que inició una “caza de traidores” contra mandatarios que colaboraron con Milei. La votación reflejó un entramado de pactos frágiles y coyunturales, sostenidos más por necesidades financieras provinciales que por convicción política.

En el debate, el oficialismo debió retroceder en artículos polémicos como el referido a licencias por enfermedad— para evitar mayor rechazo social. Aunque logró el triunfo legislativo, perdió terreno en la discusión pública y digital, donde crecieron las críticas. Encuestas muestran una imagen presidencial estancada, aunque aún relativamente alta para el nivel de ajuste económico.

Mientras tanto, la CGT prepara una estrategia judicial para intentar frenar la aplicación de la reforma, especialmente en lo referido al fuero laboral y al Fondo de Asistencia Laboral. Así, aunque el Gobierno ganó la votación parlamentaria, la conflictividad social y judicial podría intensificarse en las próximas semanas.

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