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Marcelo Nahín es jefe de Cirugía Cardiovascular del Hospital El Cruce y desde hace una década lidera un programa para tratar una enfermedad poco diagnosticada. En la Argentina habría unas 5000 personas que la padecen y no lo saben.

Desde chico, Marcelo Nahín supo que quería ser médico. No fue una decisión que tomó de un día para el otro cuando tuvo que elegir una carrera. La medicina estuvo cerca desde su infancia: cuando su mamá estaba internada, él disfrutaba de cuidarla. En aquel momento, encontró una forma de acercarse a ese mundo en los Boy Scouts, donde se convirtió en ayudante de un enfermero.

“Es una atracción inexplicable, algo que se siente, de curar, de ayudar, de aliviar al que sufre”, contó Nahín 

Hoy tiene 57 años y lleva 30 años como médico y 25 como cirujano. Es jefe del Servicio de Cirugía Cardiovascular del Hospital El Cruce, en Florencio Varela, y dirige el Programa de Tromboendarterectomía Pulmonar. Se trata de un procedimiento de altísima complejidad que se realiza en pocos lugares de la Argentina y que puede cambiar la vida de pacientes que llegan al quirófano después de años sin saber qué les pasa.

Su camino empezó mucho antes. En 1986 ingresó a la Facultad de Medicina de la UBA: tenía 17 años cuando cursó Anatomía y poco después se incorporó como ayudante de cátedra. Esa materia fue la que terminó de acercarlo a la cirugía.

A los 23 años se recibió y comenzó la residencia en Cirugía General en el Hospital Naval. Fueron cinco años de formación. Después llegaron otros cuatro en la Fundación Favaloro, donde también fue jefe de residentes.

En 1997 ingresó por concurso a la Fundación Favaloro, uno de los centros más importantes del mundo en cirugía cardiovascular en ese momento. Allí compartió los últimos tres años de vida de René Favaloro.

(Foto: Gentileza Marcelo Nahín)
(Foto: Gentileza Marcelo Nahín)

Favaloro lo llamaba todas las noches para hablar de los casos que se operarían al día siguiente. Para Nahín, esos años fueron mucho más que una etapa de formación quirúrgica: fueron también el aprendizaje de una manera de ejercer la medicina.

“Lo que aprendí es la sistematización de la cirugía, muy reglada, el respeto por el paciente, la humildad frente al paciente y la familia. A uno le están dando lo más preciado de su vida cuando alguien te agarra la mano y te da a su persona. Todo eso te va marcando”, sostuvo.

De Favaloro todavía recuerda una frase que quedó grabada en su forma de entender la cirugía: “Un cirujano cardio puede temblar la mano, pero no el cerebro”.

Para Nahín, esa fortaleza mental resulta indispensable en una especialidad en la que una complicación puede aparecer en segundos y debe resolverse en el momento. “Un piloto de avión no puede tener un ataque de pánico, no podés temblar. Hay situaciones en vuelo que tenés que resolver en pocos segundos y en cirugía pasa lo mismo”, comparó.

El viaje en el que aprendió a hacer una cirugía extrema

Con los años, su carrera lo llevó hacia una enfermedad de la que todavía se habla poco: la hipertensión pulmonar tromboembólica crónica (HPTEC).

Según explicó el cirujano, todo puede comenzar con una trombosis venosa profunda. El coágulo puede viajar hasta los pulmones y, en la mayoría de los casos, resolverse con anticoagulantes. Pero en un pequeño porcentaje de pacientes queda atrapado en las arterias pulmonares y, con el tiempo, se transforma en tejido cicatricial que las obstruye. Cuando eso se vuelve crónico, aparece la enfermedad.

(Foto: Marcelo Nahín)
(Foto: Marcelo Nahín)

El problema es que todavía es poco reconocida y puede pasar años sin un diagnóstico preciso. “Es una enfermedad subdiagnosticada a nivel mundial, está debajo del radar del 90% del personal”, marcó Nahín.

De acuerdo con los datos que presentó el especialista, en la Argentina habría alrededor de 5000 personas con la enfermedad sin diagnóstico. La demora entre la aparición de los síntomas y el diagnóstico puede ser de entre dos y dos años y medio.

En los más jóvenes, la falta de aire puede atribuirse a asma y en los mayores, a EPOC. “Es la enfermedad sin dueño, vive en los márgenes de varias especialidades y en el centro de ninguna”, describió.

La cirugía indicada para algunos de estos pacientes es la tromboendarterectomía pulmonar. Se trata de un procedimiento que requiere enfriar el cuerpo hasta los 18 grados, detener el corazón y trabajar sobre las arterias pulmonares para retirar el tejido que las obstruye.

Es tan específico que se concentra en pocos centros especializados del mundo. En la Argentina, el Hospital El Cruce es el único centro público que realiza esta cirugía.

(Foto: Marcelo Nahín)
(Foto: Marcelo Nahín)

Nahín llegó a ese centro de salud después de que en 2012 el hospital comenzara a desarrollar el programa. En 2014 viajó a Canadá para capacitarse junto a Marc de Perrot, el único especialista en hacer esta cirugía allí.

La vuelta implicó mucho más que incorporar una técnica quirúrgica. Había que formar un equipo completo, con perfusionistas, anestesistas, médicos recuperadores y otros profesionales.

En 2016 llegó la primera paciente. La habían derivado desde San Luis y, después de la evaluación, fue operada el 21 de junio de ese año. Desde entonces, el programa del Hospital El Cruce fue creciendo y este año alcanzó un récord: ya hicieron diez operaciones y la proyección es terminar el año con 15.

El desafío de encontrar a los pacientes

Para Nahín, la dificultad está mucho antes de que un paciente llegue al quirófano. La HPTEC sigue siendo una enfermedad poco reconocida y, por eso, uno de los principales desafíos es conseguir que los médicos la tengan en cuenta.

La enfermedad puede aparecer después de una embolia pulmonar, pero no siempre existe un antecedente claro. Hasta el 25% de las embolias crónicas no tienen una trombosis previa identificable.

Además, los primeros síntomas pueden ser sutiles. El especialista recordó el caso de una paciente que era profesora de baile y empezó a notar que algo no estaba bien: se dio cuenta de que no podía terminar de bailar una canción. “Las canciones duran tres minutos. Bailé dos minutos y me cansé”, había advertido la mujer.

(Foto: Marcelo Nahín)
(Foto: Marcelo Nahín)

Con el objetivo de visibilizar esta enfermedad, los primeros días de octubre se llevó adelante en Buenos Aires el primer Congreso Argentino de Hipertensión Pulmonar Tromboembólica Crónica, organizado por la Asociación Multidisciplinaria Argentina de Hipertensión Pulmonar Tromboembólica Crónica (AMAC), que preside Nahín.

La intención fue ampliar la formación más allá de los equipos que ya trabajan con esta enfermedad e incorporar herramientas para que otros médicos puedan reconocerla y derivar a los pacientes a centros especializados.

La HPTEC no tiene un único tratamiento. Según cada caso, los equipos especializados pueden indicar una tromboendarterectomía pulmonar, una angioplastia pulmonar con balón o un tratamiento farmacológico.

Para Nahín, uno de los primeros pasos es no naturalizar un síntoma cuando no hay una explicación. “El síntoma capital de esta enfermedad es la falta de aire. No es normal que te falte el aire. Cuando esa falta de aire no tiene explicación, puede ser esta enfermedad”, sostuvo.

Y cuando una respuesta no termina de cerrar, recomienda seguir buscando: “Siempre digo lo mismo: no se queden con una sola opinión, busquen otra opinión. Siempre hay que buscar una segunda opinión cuando crean que no tienen el diagnóstico correcto”.

Después de tres décadas de medicina, Nahín sigue detrás de aquella misma idea que apareció cuando era chico y acompañaba a su mamá en el hospital: ayudar. Ahora lo hace desde un lugar mucho más específico, frente a una enfermedad que todavía permanece fuera del radar de muchos médicos y pacientes. “Queda mucho trabajo por hacer”, concluyó.

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