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Especialistas advierten sobre la importancia de actuar de inmediato ante los primeros síntomas y sostener la rehabilitación sin fijar límites de tiempo

Una sonrisa que se desvía, un brazo que pierde fuerza o una frase que deja de salir de forma repentina pueden ser las primeras señales de un ACV. Reconocerlas y pedir ayuda sin demora puede limitar las secuelas de una emergencia que exige atención inmediata, pero cuyo impacto también depende de la prevención, el acceso a tratamientos y una rehabilitación sostenida.

En el Día Mundial del ACV, especialistas advierten que el control de la presión arterial y otros factores de riesgo continúa siendo la principal herramienta para evitarlo. A la vez, nuevas recomendaciones médicas ampliaron las opciones terapéuticas para algunos pacientes y la rehabilitación puede generar avances, meses o incluso años después del episodio.

En la Argentina, las enfermedades cerebrovasculares causan 17.000 muertes por año, son la primera causa de discapacidad adquirida en adultos y una de cada 50 personas mayores de 40 años vive tras haber sufrido un accidente cerebrovascular, según datos de la Cámara de Instituciones de Diagnóstico Médico (CADIME).

El doctor Javier Vilosio advirtió que la hipertensión arterial puede no presentar síntomas previos a un ACV. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La hipertensión puede no presentar síntomas

El doctor Javier Vilosio, director del Área Técnica de CADIME, señaló que existen factores de riesgo que pueden modificarse. Entre ellos enumeró la hipertensión arterial, la diabetes, el tabaquismo, el colesterol elevado, el sedentarismo, el sobrepeso, la fibrilación auricular y una alimentación poco saludable.

La presión alta requiere una atención particular porque puede no generar molestias. “Sentirse bien no garantiza tener la presión controlada”, explicó Vilosio.

Mantener controles médicos, no fumar, realizar actividad física de manera regular, reducir la sal, moderar el consumo de alcohol y cumplir los tratamientos indicados son algunas de las medidas recomendadas para reducir riesgos. También se aconseja controlar los niveles de glucosa y colesterol.

La cara, un brazo y el habla pueden dar la alerta

Tres signos permiten sospechar de un ACV con rapidez: asimetría facial, debilidad en un brazo y dificultades para hablar. Pueden sumarse problemas repentinos de visión, alteraciones para caminar, falta de equilibrio, confusión, pérdida de fuerza o sensibilidad de un lado del cuerpo y un dolor de cabeza intenso que aparece de forma súbita.

“No es necesario que estén presentes todos los síntomas: un solo signo de aparición brusca puede ser suficiente para actuar”, indicó Vilosio.

Las guías médicas actuales extienden hasta 24 horas el plazo para realizar una trombectomía en casos específicos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ante esa situación, la recomendación es registrar la hora en que comenzaron las manifestaciones —o el último momento en que la persona se encontraba bien— y pedir asistencia urgente. En la Ciudad de Buenos Aires, se debe llamar al SAME, al 107. Aunque los síntomas cedan en pocos minutos, la consulta médica no debe demorarse, ya que ese episodio puede anticipar un ACV próximo.

Nuevas guías amplían las opciones de tratamiento para algunos pacientes

El Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) indicó que el ACV es la segunda causa de muerte y la primera de discapacidad en la Argentina y el mundo. Puede ser isquémico, cuando una arteria se obstruye e interrumpe el aporte de sangre a una zona del cerebro, o hemorrágico, si una arteria cerebral se rompe. Ambos cuadros requieren atención inmediata para limitar el daño neurológico.

El doctor Javier Goland, jefe de Sección Vascular de la División Neurocirugía, subrayó la necesidad de reducir los riesgos antes de que ocurra el episodio. “La prevención sigue siendo la medida más importante para disminuir la discapacidad, por esa razón recordar que dejar el cigarrillo, controlar la presión arterial, una dieta baja en grasas y la realización de ejercicio físico en forma regular constituyen los primeros cuatro pasos para evitar el ACV”, afirmó.

Las recomendaciones médicas actualizadas, basadas en la experiencia de múltiples centros de Estados Unidos, ampliaron las posibilidades de tratamiento para pacientes seleccionados. “En algunos pacientes, el tratamiento por vía intravenosa puede administrarse hasta 9 horas después del inicio de los síntomas, en lugar de las 4 horas y media habituales. También se extiende hasta 24 horas el plazo para realizar una trombectomía, un procedimiento que permite extraer el coágulo que bloquea una arteria, y se incorpora su uso en casos de obstrucción de la arteria basilar”, explicó Goland.

Hasta fines de 2025, los pacientes con un ACV isquémico que llegaban a la guardia dentro de las primeras cuatro horas y media podían recibir un fármaco intravenoso para disolver el coágulo. Según la información del Hospital de Clínicas, cerca del 35 % recuperaba la normalidad con ese abordaje. Cuando la obstrucción afectaba arterias de mayor calibre, como la carótida interna o la cerebral media, también podía indicarse una trombectomía mediante catéter.

Goland agregó: “Se contempla tratar a pacientes con áreas de daño cerebral más extensas y a niños, y se incorpora un nuevo medicamento, disponible en Argentina, como trombolítico endovenoso que permite administrar el tratamiento más rápidamente. Estas actualizaciones aumentan el número de pacientes que pueden acceder a una terapéutica que disminuye las secuelas en un porcentaje de casos”

El proceso de rehabilitación comienza durante la internación y posibilita avances meses o años después del episodio. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El especialista recomendó sumar una alimentación equilibrada, actividad aeróbica regular, el abandono del tabaco, la moderación del consumo de alcohol y controles anuales para detectar hipertensión, diabetes, colesterol elevado o arritmias. En personas con antecedentes cardiovasculares, remarcó la importancia de sostener el seguimiento médico y los tratamientos indicados.

La recuperación no termina a los seis meses

El Día Mundial del ACV también pone el foco en la vida posterior al episodio. Desde Centro Hirsch, los especialistas buscan desterrar la idea de que las posibilidades de recuperación se agotan después de los primeros meses.

Andrea Legarreta, jefa de Rehabilitación de la institución, afirmó que una persona puede continuar con avances meses e incluso años más tarde. “Es posible que los avances sean más lentos o que haya que cambiar las estrategias, pero eso no significa que ya no haya nada por hacer”, sostuvo.

La rehabilitación comienza desde la internación, una vez que la condición clínica lo permite. El tratamiento se adapta a las necesidades de cada paciente y puede incluir ejercicios para recuperar movimientos, sentarse sin ayuda, pasar de la cama a una silla, ponerse de pie, vestirse o volver a caminar. Durante las primeras 24 horas, sin embargo, debe evitarse una movilización intensa sin indicación del equipo tratante.

La neuroplasticidad del cerebro sostiene la recuperación motriz y el reaprendizaje de actividades cotidianas.

La neuroplasticidad permite reaprender tareas

La continuidad del tratamiento se apoya en la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro de reorganizar sus conexiones y desarrollar otras formas de realizar actividades. Los avances suelen ser más notorios en las primeras semanas y meses, pero esa capacidad no desaparece de forma abrupta a los tres o seis meses.

La práctica se vincula con objetivos cotidianos. Si una persona necesita vestirse por sí misma, el entrenamiento se orienta hacia esa tarea; si busca llegar al baño con mayor autonomía, se trabaja sobre el recorrido y los movimientos necesarios. La frecuencia de las sesiones depende de la situación clínica y de la tolerancia de cada paciente.

La familia también ocupa un lugar relevante: debe acompañar y alentar, sin hacer por la persona aquello que aún puede realizar ni exigirle acciones que superen sus posibilidades.

La asimetría facial, la pérdida de fuerza en un brazo y la alteración del habla alertan sobre la necesidad de asistencia médica inmediata. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El caso de Fabián Elía y el regreso a una vida autónoma

Fabián Elía tenía 62 años cuando sufrió un ACV mientras participaba de una carrera de aventura en Ramallo. Durante el recorrido comenzó a tropezar y a perder el equilibrio. Luego de ser atendido en un hospital de San Nicolás, fue derivado a Centro Hirsch.

Permaneció internado cerca de cinco meses y tuvo que reaprender actividades básicas, incluida la marcha. Tras el alta, continuó el tratamiento en rehabilitación de día con el acompañamiento de sus hijas.

Actualmente vive solo, prepara su desayuno, toma mates, usa el baño de manera independiente y mantiene limpio su hogar. Se desplaza en silla de ruedas y se levanta para barrer por tramos. Su objetivo es volver a participar de una maratón.

“Después de un ACV, algo que parece pequeño —sentarse sin ayuda, sostener un vaso o volver a vestirse— puede cambiar muchísimo la vida cotidiana. Rehabilitar es acompañar a la persona para que vuelva a participar, decidir y hacer aquello que es importante para ella”, concluyó Legarreta.

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