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La idea de que Milei es “más peronista que un peronista” aparece porque, en estos dos años, adoptó formas de construcción política históricamente asociadas al peronismo: el relato de confrontación entre el pueblo y el poder, la identificación de enemigos claros, la centralidad del liderazgo personal y la lógica del conflicto permanente como motor de la política. Su lucha contra los medios hegemónicos, contra “la casta”, contra sectores del empresariado y ahora contra Techint y Paolo Rocca encaja muy bien en una tradición política que el peronismo manejó con eficacia durante décadas.

En ese plano simbólico y comunicacional, Milei se parece más a un dirigente peronista que a un liberal clásico. Gobierna desde la tensión, construye identidad desde el antagonismo y habla directamente a un sujeto social que se siente perjudicado por élites políticas y económicas. Esa forma de interpelar, emocional y confrontativa, es profundamente peronista en el método..

Por eso, más que peronista, Milei puede pensarse como un dirigente antiperonista en lo ideológico, pero peronista en las herramientas. Usa una gramática política popular y confrontativa para impulsar un proyecto económico que está en las antípodas del peronismo. Esa tensión explica tanto su capacidad de interpelación como las contradicciones que genera su figura.

En definitiva, decir que Milei es más peronista que un peronista funciona como una frase eficaz para el debate público, pero describe una semejanza en el modo de hacer política, no en el contenido del proyecto que encarna.

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