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El Gobierno de Javier Milei inicia el año político decidido a retomar su agenda original con mayor dureza ideológica y mínimo margen de negociación. La prioridad absoluta es la reforma laboral, que se impulsa sin cambios y con el diálogo roto con la CGT. Aunque los gremios aceptarían una reforma, rechazan el proyecto actual y buscan modificarlo vía gobernadores, mientras la Casa Rosada se niega a cambios profundos. El resultado sigue abierto y depende del juego de alianzas en el Senado y Diputados.

En paralelo, Milei profundiza su confrontación con sectores del círculo empresario: la pelea con Paolo Rocca (Techint) busca “aleccionar” al poder económico, y también hay tensiones con Mercado Libre por la regulación del Banco Central en la reforma laboral.

Con Patricia Bullrich como figura central, el Gobierno relanza la batalla cultural: insiste en bajar a 13 años la edad de punibilidad y endurecer el régimen penal juvenil, pese a que el delito juvenil representa un porcentaje bajo. El debate tiene alto respaldo social, pero abre conflictos presupuestarios que recaerían en las provincias. La política migratoria también avanza con internas y falta de presupuesto.

De cara a las sesiones ordinarias, el oficialismo prepara la Ley Bases 2, con una nueva ola de privatizaciones (Aerolíneas Argentinas, TV Pública) y un mayor achique del Estado. Mientras tanto, la oposición aparece fragmentada: el peronismo atraviesa fuertes disputas internas y carece de una estrategia común, lo que deja al Congreso como escenario central de un Milei envalentonado y con la iniciativa política.

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