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El ministro Luis Caputo anticipa una desacelaración respecto al mes previo y las consultoras la ubican entre 2,5% y 2,9%. La industria mostró un rebote en marzo, pero con crecimiento desigual entre sectores

Javier Milei, junto a su hermana Karina ý los ministros Luis Caputo y Sandra Petovello. (Foto: Agustina Ribó/TN)

Mayo empieza con una fecha marcada en rojo para el Gobierno: el jueves 14, cuando el Indec difundirá el índice de precios al consumidor (IPC) de abril. La Casa Rosada necesita que el dato confirme una desaceleración inflacionaria respecto del mes previo, que fue de 3,4% En un esquema en el que las expectativasjuegan un papel central, ese número puede resultar determinante para sostener el rumbo económico.

Convencido de que la tendencia será favorable, Javier Milei ratificó esta semana su estrategia. El martes expuso en la Fundación Libertad y, al día siguiente, en Expo EFI, donde reiteró un mensaje que viene repitiendo con dureza: “La economía argentina está en una etapa de transición y el que no se adapta, quiebra”. Para despejar dudas, agregó que “todo depende de los empresarios”. La definición implica que el modelo vigente no contempla asistencia estatal para el sector privado.

En la misma línea, el ministro de Economía, Luis Caputo, volvió a señalar que la inflación de abril fue menor que la de marzo y que los indicadores empiezan a mostrar signos positivos. Las consultoras privadas acompañan ese diagnóstico: las principales estimaciones ubican la suba de precios del cuarto mes del año entre 2,5% y 2,9%, por debajo del 3,4% registrado el mes previo.

Algunos datos de actividad también aportan señales en esa dirección, aunque con matices. La Unión Industrial Argentina (UIA)informó que en marzo la industria creció 3,6% interanual y 5% respecto de febrero.

Sin embargo, el rebote es heterogéneo y mantiene una dinámica a dos velocidades o en “K”: conviven sectores de bajo empleo y fuerte expansión con otros urbanos, más intensivos en mano de obra, pero de desempeño débil. Además, la base de comparación es baja, ya que enero y febrero suelen estar atravesados por paradas técnicas, vacaciones y una menor cantidad de días hábiles. Por eso, el resultado de abril aparece como un dato clave para confirmar la tendencia. Hasta ahora, el sector más dinámico sigue siendo el petrolero.

En el plano sindical, el Gobierno tampoco enfrenta una presión significativa. La movilización convocada por la CGT tuvo una convocatoria menor a la esperada y el triunvirato decidió no avanzar con un paro general. Uno de sus integrantes, Jorge Solá, planteó públicamente que la estrategia pasa por construir una alternativa política.

Mientras tanto, el Ejecutivo suma medidas para contener la inflación. Si el mes pasado promovió un acuerdo con petroleras para moderar el precio de los combustibles, ahora intervino sobre las tarifas de agua: las facturas de AySA tendrán un tope del 3% mensual, por debajo del esquema previo (4% de alza por mes).

Además, volvió a postegar otro mes el grueso de la actualización de impuestos a los combustibles (por inflación acumulada en 2024 y 2025), que se trasladan de manera directa a los precios finales de la nafta y el gasoil. A diferencia de abril, cuando había aplazado toda actualización, esta vez aplicó un alza de 0,5% en ese gravamen.

En paralelo, el dólar mostró un leve movimiento al alza, aunque sin impacto visible en los precios. La suba marginal responde, por un lado, a un menor incentivo para el carry trade tras la baja de tasas de interés y, por otro, a la intención de estimular a los exportadores a liquidar divisas en el contexto de una cosecha récord. En el Gobierno descartan que este comportamiento tenga efectos inflacionarios.

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