Santiago Martella escribió un texto antes de la semifinal del próximo miércoles. Su papá, Luis Carlos, está enterrado en el cementerio de Darwin. “Es inaceptable cargarle a los jugadores responsabilidades que no les pertenecen”, sostuvo
La carta llegó desde Puerto Argentino. La escribió un teniente de 24 años que llevaba dos de casado, con un hijo de uno y una hija que estaba por nacer. La fecha del texto marcaba el 16 de mayo de 1982. El destinatario era Santiago, que ese día cumplía un año. El remitente estaba firmado por Luis Carlos Martella, que moriría 27 días después en el monte Dos Hermanas.
El partido que no es solo un partido
Santiago Martella lo dice él mismo, con la precisión de quien aprendió a medir las palabras. “El partido se trata solo de una cuestión deportiva y por eso hay que bajarle la tensión a eso”. Lo dice, y al mismo tiempo sabe que para él nunca va a ser solo eso.
Para Martella, sin embargo, la ecuación es clara. “Lo importante es separar la cuestión de un partido de fútbol de lo que fue Malvinas. Aunque está en el contexto, no hay que exacerbar el tema. No se va a solucionar el tema de la soberanía de las Islas Malvinas”.
Y el periodista agrega: “No hay que exacerbar la violencia, porque pueden suceder hechos lamentables. Si ganamos con un gol de Messi de tiro libre no nos van a devolver las Malvinas. Eso tiene que ser por vía diplomática. No tiene que haber otra guerra”.
La dimensión de un cruce que va más allá de la cancha
El partido del miércoles tiene una dimensión que ningún otro encuentro deportivo entre estos dos países tuvo antes. Es una semifinal de Copa del Mundo.
Martella lo escribió en una carta que circuló estos días. “Este cruce arrastra una carga histórica imposible de ignorar. Malvinas dejó una herida que sigue abierta. Una herida que atraviesa generaciones, familias y recuerdos”. Y también: “El deporte no repara esas pérdidas. Tampoco puede saldar cuentas con la diplomacia. No cambia lo que pasó. Es inaceptable cargarle a los jugadores responsabilidades que no les pertenecen. Ellos juegan otra historia”.
Pero hay algo que no puede evitar. “Cuando suene el himno, inevitablemente nuestros pensamientos viajarán hacia otro lugar. Porque detrás de la celeste y blanca estarán los nombres de quienes nos siguen esperando en las islas, como eternos custodios de nuestra soberanía”.
El miércoles, mientras suene ese himno, Martella va a estar trabajando. “El partido seguro lo voy a ver trabajando para TN en algún FanFest que me toque según lo decida la producción del canal», contó. No lo verá desde su casa, no lo verá en silencio. Lo verá rodeado de gente, con un micrófono en la mano, haciendo su trabajo.
La carta que Carlos le escribió a Santiago antes de morir
Hay un objeto que Martella guarda desde siempre. Una carta manuscrita, fechada el 16 de mayo de 1982 en Puerto Argentino. Se la mandó su padre desde las islas el día que él cumplía un año.
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Carlos Martella era Teniente. Tenía 24 años, llevaba dos de casado y su mujer esperaba a su segunda hija. Para él, ser militar no era una carrera sino una vocación. Defender a la Patria, un deber. El 12 de junio de 1982 murió en el monte Dos Hermanas, en la defensa final a Puerto Argentino.
Santiago tenía un año. No tiene recuerdos propios de su padre, solo fotos, un casette con su voz hablando de cosas sin importancia. Y esa carta.
“Quiero que sepas todo lo que tu padre, hijo mío, desea para vos cuando crezcas, y que no es más que seas un hombre de bien, solo el sacrificio y el trabajo duro y constante rinden sus frutos. En la vida, el hombre debe tener una gran meta que guíe sus pasos, esa meta no debe ser otra que el servicio a Dios, a través del amor a la Patria y a la Familia”.
Y cerraba: “¡Feliz cumpleaños, Santiago! Te besa, Papá”.
Crecer sin un padre y con una carta
“Mi papá murió en la guerra de Malvinas cuando yo tenía un año. Y antes de morir me mandó una carta desde las islas que me marcó mucho toda mi vida”, dijo Martella.
No tiene un recuerdo puntual del momento en que se enteró. “Me lo fue contando mi mamá a medida que iba creciendo hasta que tomé conciencia de la situación”, explicó. Su madre tuvo que ser las dos cosas a la vez. “Crecí sin papá y mi mamá se encargó de todo. Nunca supe lo que es tener un papá. Muchas veces extrañé esas situaciones que uno tiene con su papá: ir a la cancha, alguna charla”.
No hay bronca en sus palabras. Pero sí una pregunta que volvió muchas veces: “No estoy enojado con lo que tuve que pasar. Pero sí muchas veces me pregunté por qué me tocó a mí”.
La respuesta nunca llegó del todo. Lo que sí llegó, con los años, fue algo más complejo: “Muchas veces sentí dolor y tristeza y, por otro lado, el orgullo de saber por qué fue a las islas a defenderlas”.








