El Gobierno de Javier Milei empieza a mirar con atención a tres posibles competidores para las elecciones de 2027: Dante Gebel, Jorge Brito y Daniel Hadad. Ninguno lanzó formalmente una candidatura, pero los tres exploran la posibilidad de ocupar un espacio que, según distintas encuestas, está creciendo entre quienes no se sienten representados ni por el oficialismo libertario ni por el peronismo.
En la Casa Rosada sostienen que Milei “compite contra sí mismo”: consideran que su principal desafío es lograr que la mejora de variables como la inflación, el déficit y el equilibrio fiscal se traduzca en una mejora concreta de la vida cotidiana. Si el Gobierno consigue hacerlo, creen que el Presidente tendría buenas posibilidades de ser reelegido. Si fracasa, aumentaría el espacio para una alternativa.
Un estudio del Observatorio Pulsar de la UBA señala que el 42% de los argentinos no se identifica con ningún partido y que el 63% tiene poco o ningún interés en la política. Aresco, por su parte, encontró que el 55,3% podría considerar votar en 2027 a una fuerza que no sea ni mileísta ni kirchnerista. Sin embargo, hay una diferencia importante respecto de 2023: la sociedad parece mostrar interés por cambiar, pero no necesariamente por elegir a alguien completamente ajeno a la política.
Dante Gebel es el que aparece más avanzado en la exploración de una candidatura. El pastor evangélico, comunicador y conferencista viene jugando desde hace años con la idea de ingresar a la política y actualmente estaría cada vez más decidido a evaluar una candidatura presidencial. Su proyecto, Consolidación Argentina, ya está organizando equipos y actividades. Gebel no quiere apoyarse exclusivamente en la estructura evangélica ni participar de una interna tradicional. Su discurso busca combinar algunas transformaciones del Gobierno con una mayor preocupación por la situación social.
Jorge Brito representa otro perfil. El presidente del Banco Macro y ex titular de River pertenece plenamente al mundo empresarial y al establishment argentino. Quienes lo impulsan hablan de una “tercera posición” de centroderecha, destinada a captar a quienes no quieren regresar al populismo pero tampoco se sienten representados por el libertarismo. Emilio Monzó aparece como uno de los principales impulsores de esa posibilidad. Brito, sin embargo, todavía no es candidato y sólo abandonaría su actividad privada si las encuestas mostraran que existe una posibilidad concreta de competir con éxito.
Daniel Hadad es el último de los tres en reconocer públicamente que podría ingresar a la política. El fundador de Infobae ya tomó algunas medidas concretas para estudiar el escenario: contrató a un equipo de encuestadores que trabajó con Zohran Mamdani para analizar la opinión pública en CABA, el Gran Buenos Aires, Rosario, Córdoba y Mendoza. Su interés no se limita a la intención de voto; quiere conocer especialmente el nivel de tristeza, desesperanza y malestar existente en la sociedad. Hadad se puso como fecha límite el 28 de noviembre, cuando cumple 65 años, para decidir qué hará en los próximos cuatro años.
La paradoja central es que existe un espacio potencial para una tercera alternativa, pero todavía no aparece un candidato capaz de ocuparlo claramente. Una parte importante de la sociedad está desencantada tanto con Milei como con el kirchnerismo, pero eso no significa automáticamente que vaya a votar por un nuevo dirigente. Para que una tercera fuerza sea competitiva deberá demostrar que puede realmente llegar al poder; de lo contrario, la polarización podría volver a imponerse.
El escenario también marca una diferencia con las elecciones de 2023. El artículo interpreta que el electorado podría estar buscando cambios, pero con menos tolerancia a la improvisación. Es decir, puede existir demanda de renovación sin que exista necesariamente demanda de otro outsider radical.
Por eso, Gebel, Brito y Hadad generan cierta preocupación en el Gobierno, aunque todavía no provocan alarma. La Casa Rosada cree que el principal factor que determinará las elecciones será la evolución de la economía. Mientras tanto, Karina Milei trabaja en fortalecer territorialmente a La Libertad Avanza, negociar con gobernadores y definir las reglas electorales que regirán en 2027.
El eventual riesgo para Milei no pasa solamente por el regreso del peronismo. También puede surgir una tercera alternativa que acepte parte de las reformas realizadas por el Gobierno, pero que proponga menos confrontación, mayor sensibilidad social y una relación más moderada con empresarios, trabajadores y gobernadores.





