La reciente reunión entre Javier Milei y Donald Trump en la Casa Blanca fue vista desde el Gobierno argentino como un intento estratégico para recuperar votos, especialmente del electorado del PRO. Sin embargo, la frase de Trump condicionando el apoyo de EE.UU. a una victoria de Milei en las elecciones del 26 de octubre— generó inquietud en la Casa Rosada, donde temen que esa postura se interprete como una injerencia o extorsión política.
Aunque Milei logró su «foto de campaña» sin protestas visibles, y se anunciaron futuras inversiones y acuerdos bilaterales en áreas estratégicas, el mensaje de Trump tuvo consecuencias negativas: los mercados reaccionaron mal, y dentro del Gobierno se percibió como una exposición innecesaria que lo deja sin respaldo externo si pierde.
A pesar de esto, desde el oficialismo esperan que el encuentro con Trump fortalezca la imagen presidencial ante los sectores medios descontentos y el electorado blando del PRO, que valora la relación con EE.UU. e Israel. Sin embargo, se evita un tono triunfalista por temor a nuevos tropiezos.
El Gobierno también enfrenta escándalos internos y tensiones en el Congreso, donde no logra aprobar reformas estructurales. En paralelo, se debate una eventual reorganización del gabinete con figuras del PRO y aliados moderados, y el ascenso de Santiago Caputo, asesor clave, suena cada vez más fuerte.
Finalmente, el Gobierno buscará reimpulsar su campaña bajo el eje “el cambio o el kirchnerismo”, con el objetivo de polarizar y captar el voto útil, resaltando la magnitud de las inversiones estadounidenses en Argentina frente a las de China. Sin embargo, analistas advierten que si bien la foto con Trump puede aportar, difícilmente cambie por completo la tendencia electoral.







